-Los extremos como punto de encuentro-

En esta época decembrina de tanta celebración y regocijo, es común observar el considerable aumento del consumo que los bogotanos hacemos de la Navidad, en especial los niños y jóvenes que son el principal objetivo del mercado. A manera de ejemplo describiré una experiencia que viví hace pocos días.

Fui a conocer uno de los nuevos centros comerciales que en los últimos meses han inundado nuestra ciudad con promesas de felicidad y del tan anhelado progreso. Ubicado prácticamente a las afueras de la ciudad hacia el Norte se encuentra el imponente Centro Comercial Santafé – el más grande de Latinoamérica- que es igualitico a los malls de Miami (dice mi tía). Al ingresar se pueden observar familias enteras que circulan ansiosas por el lugar en busca de obsequios, entre ellas jóvenes desenfadados con paquetes de almacenes reconocidos internacionalmente.

Y es que en este lugar todo esta dispuesto para comprar: es cómodo, muy bien iluminado, los colores y las formas son armónicas y los vendedores muy complacientes. Además la diversidad de almacenes, productos y servicios que ofrecen, muchos de ellos inimaginables y hasta absurdos, como el caso de un almacén que ofrece armar y desarmar el árbol de navidad, hacen que los compradores se sientan a gusto y no deseen ir a otro lugar.

Para los jóvenes escoger entre tanta oferta debe ser un verdadero lió, por una parte, a su paso encuentran innumerables maniquíes que reproducen sus peinados, maquillajes y hasta formas de pararse, éstos exhiben atractivos diseños con la última moda; de igual forma los avisos informan los descuentos y las existencias limitadas de los productos, lo que genera una angustia en estos jóvenes compradores que se refleja en sus rostros, y como si fuera poco, algunos deben soportar desde afuera que sus almacenes preferidos estén repletos de personas que quieren comprar lo mismo que ellos.

Para completar el recorrido por el centro comercial que lo tiene todo, hace falta por lo menos 3 o 4 horas de caminata, pues en sus tres niveles, se encuentra de todo, una plazoleta de comidas donde obesos jovencitos devoran hamburguesas y perros calientes, seis salas de cine, un Mc Café para los más grandes, casino, almacenes de artesanías indígenas, supermercados, bancos y algo nunca antes visto en nuestra ciudad: una mini ciudad donde se aprende a ser adulto, por tanto a trabajar y gastar el dinero que se obtiene trabajando.



Pero los jóvenes a los que me he referido hasta el momento no son los únicos que consumen, en esta ciudad tan grande y diversa confluyen muchas formas de asumir el mundo. Quizás con la que más me he relacionado en el último año ha sido con la de los jóvenes de San Cristóbal sur, ellos también visten siempre a la moda, con vestimentas cómodas o incomodas según los gustos, unas dejan mucho que ver, otras casi nada. Lo cierto es que todas ellas se adquieren en los mercados populares del 20 de Julio, San Victorino y San Andresito (claro que en este último también se pueden observar con frecuencia a chicos con mucho dinero que quieren ahorrarse unos pesitos).

En estos sitios la congestión, la algarabía y el regateo están a la orden del día. Páseme una talla menos, hágase para un ladito, siga caballero que yo tengo lo que usted busca… Allí los vendedores también complacen a sus compradores, les ofrecen ropas de reconocidas marcas asegurando que son originales, en lo improvisados vestiers que en ocasiones se ubican fuera del local, se prueba toda clase de ropa, las adolescentes se pueden probar infinidad de prendas y luego irse porque ninguna le ha gustado lo suficiente. Estos centros comerciales también ofrecen diversos servicios como la elaboración de tatuajes o pearcing y la venta de accesorios como aretes, pulseras, anillos, y todo aquello que complemente la pinta.

La conclusión de esta rápida mirada a los lugares donde dos grupos de jóvenes, que habitan en puntos opuestos de la misma ciudad, adquieren sus prendas de vestir, se instala en la llamada globalización de la cultura que de alguna forma ha eliminado las barreras sociales para estos jóvenes; estar a la moda ya no es una exclusividad de las clases privilegiadas, los mass media se han encargado de divulgar que esta a la moda y que no, por tanto resulta mucho más fácil conseguirla para todos aquellos que deseen adoptarla, de esta forma, ambos grupos pueden darle un valor simbólico diferente al uso de la misma prenda de vestir.

CONSTANZA VILÁ ESCOBAR

Especialización en Pedagogía de la Comunicación y Medios Interactivos

III Semestre

Diciembre/2006